Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE)

¿Qué son los CIE?

11 ene 18. Los CIE son centros de retención donde se somete a privación de libertad a migrantes por encontrarse en situación irregular, con la finalidad de proceder a su expulsión. El tiempo máximo de internamiento es de 60 días.

Puesto que estas personas no han cometido ningún delito, los CIE no tienen carácter penitenciario. Sin
embargo, su regulación y sus condiciones de vida muestran aspectos más gravosos que los de las cárceles. Las condiciones de visita, la opacidad y falta de transparencia en su funcionamiento, la precaria dotación de servicios materiales, sanitarios y sociales, la atribución de competencias de gestión
a fuerzas policiales o la frecuencia de conflictos y situaciones de maltrato así lo atestiguan. Hablar de CIE es hablar de abusos, injusticias, violaciones de derechos humanos, y de mucho sufrimiento.

A los problemas de inseguridad jurídica que presenta el inter-namiento se añaden las malas condiciones en las que viven, pues el Estado español ubicó estos centros en prisiones y cuarteles que habían quedado obsoletos y en desuso, con graves problemas de habitabilidad, higiene, salubridad y seguridad (hacinamiento, falta de ventilación e iluminación, humedad, alimentación deficiente y un largo etc.), motivo que ha supuesto el cierre de algunos por orden judicial.

Los derechos de los internos a estar informados de su situación legal, de resoluciones judiciales y administrativas que les afectan; a comunicación con su abogado y con familiares, allegados y ONG; a servicios médicos permanentes; a asistencia social, cultural y religiosa; a lugares de ocio y esparcimiento... no se cumplen en muchos casos, como lo confirman, resoluciones de Jueces de Control, del Defensor del Pueblo y de asociaciones que tienen acceso a estos centros y constatan el fuerte impacto psicológico del internamiento, cómo se van desmoronando, por la dureza de las condiciones y la sensación de abandono y desesperanza.

Los CIE son una de las medidas de la política migratoria de la Unión Europea, cada vez más restrictivas, cuyo discurso considera a los inmigrantes como un peligro para la sociedad, produciendo grandes sufrimientos a personas que sólo buscan una vida mejor, o quizás la única posible, y que huyen de la pobreza, del hambre, la guerra o la persecución. En el fondo está la desigualdad global que destina a una mayoría a la pobreza para sostener nuestro nivel de vida, lo que lleva a que pueblos con una gran riqueza sean despojados de ella, de sus tierras, por unas relaciones comerciales o financieras injustas o tengan que huir por sequías o catástrofes provocadas por el cambio climático, ligado también a nuestro estilo de desarrollo o por conflictos y guerras que alimentamos con las armas que exportamos.

¿No es desproporcionado privar de libertad a personas sin haber cometido ningún delito, sólo por no estar regularizadas?

“La condición de irregularidad legal no permite menoscabar la dignidad del inmigrante, el cual tiene derechos inalienables que no pueden violarse ni descono-cerse"(Juan Pablo II)

Y no es que no quieran regularizarse, es que la vía legal hoy parece imposible. Hay quienes llevan años intentándolo y no han podido por no haber tenido un contrato de trabajo o porque se les ha terminado. O jóvenes que vinieron con sus familias cuando eran menores o han estado tutelados y, al llegar a la mayoría de edad, no han podido regularizar su situación y, si son expulsados, carecen de vínculos con su país de origen. Hay personas internadas que fueron detenidas al acudir a comisaría, a donde habían sido llamados con el pretexto de realizar “gestiones de su interés".

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Pero la mayoría, son personas que acaban de llegar sin haber podido obtener un visado, tras un largo viaje accidentado, en un deplorable estado (algunas vienen de tránsito para llegar a otros países y son detenidas). Y hay otras, especialmente vulnerables, cuyo internamiento y expulsión no procede por ley: ser menores de edad, padecer enfermedad, ser víctimas de violencia o de trata, potenciales solicitantes de asilo o de protección internacional, que corren peligro si son repatriados, etc. Otros, con hijos menores, de los que son separados.

A partir de 2010, se permite internar en los CIE a extranjeros con condenas para su expulsión penal (distinta de la administrativa), con lo que pueden estar juntas personas con situaciones jurídicas diferentes, tal vez con la intencionalidad de abundar en esa pretensión de presentar a los extranjeros como posibles delincuentes expulsables. Sin embargo, todos tienen en común pertenecer a minorías pobres, principalmente de África.

El coste humano y económico es muy alto y es ineficaz para el objetivo con que se crearon estos centros, ya que, por diversas circunstancias, sólo puede ser expulsado un pequeño porcentaje, quedando en libertad el resto al pasar los 60 días, sin que exista ningún cauce que permita su regulariza-ción e integración en la sociedad, abocándoles a la precariedad y exclusión social.

Informes de organizaciones, como la Red MIGRANTES CON DERECHOS (formada por Caritas, SJM, Conferencia Episcopal, Justicia y Paz y CONFER) Pueblos Unidos; SOS Racismo; APDHA; Plataforma sobre los CIE; Karibu y otras, denuncian la realidad de estos centros y piden su cierre. Actualmente, hay varias campañas en vigor como: CIES NO; CAMPAÑA POR EL CIERRE DE LOS CIE; TERRITORIO LIBRE DE CIES, así como concentraciones periódicas a la puerta de estos centros.

El OCSPI (Observatorio del Sistema Penal ante la Inmigración), de la Universidad de Málaga, ha publicado: “Razones para el Cierre de los CIE: Del reformismo a la abolición", elaborado por profesores de siete universidades que, en su Presentación, dice:

Coincidiendo con los 30 años de vigencia de los CIE, asumimos el reto de explicar la innecesaria función de los mismos y sus devastadores efectos, apostando por su cierre. La finalidad es intentar comprender que no se está actuando con racionalidad, igualdad y justicia (...) y acabar con esa medida cautelar, dolorosa para quienes la padecen, ineficiente para los que la usan como medio para controlar la inmigración irregular y costosa para todos, convencidos de que su desaparición no producirá efectos negativos en la actual política de control de esta inmigración y se constituirá en un hito histórico de transformación social y triunfo de los derechos humanos, al desaparecer una de las medidas más calamitosas de las democracias de Occidente".

Ver en: http://www.nadiesinfuturo.org/ de-interes/article/expertos-aseguran-que-los-cie-son

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¿Hay alternativas a la privación de libertad en los CIE?

Sin duda, es necesario el control de fronteras en un país, pero sin vulnerar los derechos humanos. Y no se pueden legitimar fronteras que están sirviendo para el mantenimiento de un orden global injusto, donde en una de las orillas no es posible desarrollar proyectos de vida. Porque los bienes de la tierra son para todos. Serían legítimas si existiera un compromiso firme por asegurarles condiciones de vida digna en sus países pero, en los últimos años, incluso la Ayuda al Desarrollo está disminuyendo y se emplea, sobre todo, en reforzar estas fronteras en lugar de prestar ayuda humanitaria. Y es preciso establecer relaciones justas con esos países (comerciales, financieras, etc.). En todo caso, sin olvidar que emigrar es un derecho, como también el no hacerlo.

Cuando vienen, en lugar de encerrarlos, habría que darles información sobre solicitud de asilo, facilitar el acceso a éste, establecer vías seguras de llegada, como corredores humanitarios, incentivar el retorno voluntario con apoyo a la integración en sus países, enviarlos a entidades o centros de acogida haciendo convenios, presentación periódica ante las autoridades competentes, invertir la enorme cantidad de dinero que cuesta el mantenimiento de los CIE y la expulsión en infraestructuras para la acogida, educación, empleo...

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¿Qué podemos hacer?

Sin duda, no es fácil encontrar soluciones a una situación tan compleja, pero las migraciones han existido siempre y van a seguir. Son factores positivos en la construcción de las sociedades y no podemos verlas como una amenaza. Están en juego los derechos fundamentales y la posibilidad de una vida digna para todos, así como el modelo de sociedad que queremos construir. Pongamos los medios a nuestro alcance, como pueden ser:

• Informarnos bien, por medios fiables, para quitar prejuicios y estereotipos y actitudes xenófobas. Ver alguno de estos documentales:

- http://www.rtve.es/alacarta/videos/para-todos-la-2/para-todos-2-ong-centros-internamiento-extranjeros/1699979 (2013)
- https://www.youtube.com/watch?v=NPwQWCMLmw0 (2012)
- https://www.youtube.com/watch?v=WXvfpHr05g0 (2016)

• Suscribirse gratuitamente al Observatorio de la Diversidad en los Medios, en: observatoriodeladiversidad@mugak.org

• Leer y reflexionar el mensaje del papa para la Jornada Mundial de la Paz del 1 de enero 2018: Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz.

• Dar a conocer la realidad de los CIE en nuestros ámbitos de vida y misión, en la tarea docente y pastoral, educando en y para la inter-culturalidad, para cambiar el discurso en nuestro entorno.

• Reclamar otra política migratoria, que no tenga la expulsión como referencia de gestión, uniéndonos a quienes lo hacen desde el trabajo con estas personas. Colaborar con ellas, ya sea en voluntariado para visitar los CIE, apoyando sus reivindicaciones, ayudando a difundir sus actividades, etc.

• Practicar la hospitalidad: acompañar, acoger, integrar, compartir.

Para la reflexión personal y comunitaria, y para dar pasos

El grupo o la Fraternidad reflexione sobre el tema y tome alguna decisión que le suponga a vanzar en un estilo de vida más justo y ecológco.

Comisión Interfranciscana de Justicia y Paz e integridad de la creación

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