16. Clara de Asís es recibida por Francisco

"Debemos admirar la gran benignidad de Dios para con nosotros, que se dignó manifestar estas cosas de nuestra vocación y elección por medio de Francisco". (Santa Clara, Testamento)

Huye santa Clara a Santa María de los Ángeles, y los religiosos le salen al camino.

Discípula de Francisco, quien la viene dirigiendo con solicitud, Clara Scifi resuelve imitar la vida retirada del santo, muy joven aún, y acompañada de Bona Guelfucci, se encamina, en noche cerrada, a la Porciúncula. Previamente avisado Francisco, le sale al encuentro con algunos de sus compañeros. Los faroles tiñen de amoratada luz la escasa tierra del camino, el tronco de un árbol que parece inclinarse brindando protección y los raídos hábitos. La destacada figura de Clara queda como sorprendida por la amabilidad del recibimiento. Tiene blancas las manos y luminoso el rostro.

La figura principal del cuadro es la santa que, aunque situada al fondo, llama la atención por la intensa luz que la ilumina. Como sucede en la lámina siguiente, la claridad que le rodea parece nacer de ella misma y no de los dos faroles que portan los hermanos.

17. Profesión de Clara en manos de Francisco

"Enderezando a Ti todas nuestras intenciones, gastando todas las fuerzas del cuerpo y del alma en obsequio de tu amor y no en otra cosa". (San Francisco en 1Cel 22)

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Domingo de Ramos, marzo del 1212. Clara ha asistido a la celebración y con la palma recibida honoríficamente de manos del obispo, ha seguido piadosa el recorrido exultante de la procesión. De noche, retirada la familia a descansar, sale sin ser notada de casa y se dirige a Santa María de los Ángeles, ante cuyo altar se verifica el místico desposorio, prometiendo ante Francisco no seguir en lo sucesivo otro amor que no sea el de Jesús, por lo que procede de inmediato a deponer sus joyas, su rica vestimenta, sus doradas trenzas. Cristo ocupa ya su corazón. Los tenues colores cárdenos que iluminan las figuras, dan sentido penitencial a la renuncia.

En el reducido espacio del oratorio y junto al altar está el santo, quien eleva sus oraciones y procede así a la ceremonia; frente a él, de rodillas, se encuentra Clara. De ella emana una luminosidad de tonos rosáceos que se plasma en el cuerpo del Padre Seráfico y en aquellos que los acompañan.

La joven no sólo es el núcleo de la composición sino que parece ser el foco principal de luz a la que secundan los de las velas del altar y de la lámpara. Mientras el semblante de Francisco está más definido, el de Clara ha perdido la individualización a favor de su gesto de fervor, ya que ha entregado su vida a Dios.

18. La mesa del Señor.

"Hermano: no somos dignos de tan gran tesoro". (San Francisco en Florecillas, 12)

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Los hermanos Francisco y Maseo muestran con satisfacción el pan recogido de limosna.

 Camino de Francia, donde según disposición del último Capítulo, les corresponde anunciar la verdad y el bien, hacen un alto en el camino para obtener de la caridad pública el necesario sustento. En las afueras del pueblo, sobre una losa de piedra, junto a una fuente, vierten el producto de la limosna, y al ver con qué generosidad han premiado a su compañero Maseo, da gracias con fervor por los beneficios con que Dios distingue a sus buenos amigos.

Una vez más la parquedad del colorido no es un problema para Benlliure a la hora de recrear a los protagonistas: la estilizada figura del Pobre de Asís, el gesto natural de su compañero, la fisonomía de sus rostros y sobre todo el escenario natural que envuelve a los personajes. 

Matiza con su pincelada la textura de la piedra y describe con exquisita solución la vegetación que prende de ella. La sencillez de la composición se ve sobradamente superada por la habilidad en el empleo de la materia pictórica.

19. Francisco se aparece sobre fulgentísimo carro de fuego

"Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas. Tú eres esperanza nuestra, Tú eres fe nuestra". (San Francisco, Alabanzas)

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Francisco recibió constante ayuda de Dios para realizar la ardua labor que debía llevar a cabo a lo largo de su existencia. En ocasiones, este apoyo se manifestó de un modo maravilloso para que los contemporáneos del santo fueran conscientes del importante papel que él estaba desempeñando dentro de la Iglesia.

La escena representada en este cuadro correspondería a una de esas manifestaciones, cuando un carro de fuego tomó al hermano Francisco y lo elevó por los aires frente a sus compañeros, certificando así la alianza con Dios. 

El realismo de las figuras de los frailes, sus gestos sorprendidos, aterrorizados o entregados y la rotundidad de los volúmenes marcan una señalada diferencia con la situación extraordinaria que vive el santo. La liviandad de las formas del carro y los caballos está modelada con toques de blancos y grises que describen de modo muy hábil el acontecimiento sobrenatural. La figura del santo adquiere una forma muy estilizada y se recorta sobre un intenso foco de luz de modo que potencia el efecto de la visión celestial. Esta luminosidad envuelve a los personajes del fondo y difumina sus formas.

20. Sueño profético de Francisco

"Francisco abrasábase en indecible amor hacia la Madre de Jesús, porque nos había dado por hermano al Señor de la Majestad". (2 Celano, 198)

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Francisco llega exhausto a la iglesuela de San Damián, se detiene un momento a descansar al pie de un árbol que hay en sus inmediaciones y apenas se recuesta en ella queda traspuesto. El arbusto del primer plano le cubre como si de un tejido se tratara.

En sueños, oye unas voces que le informan de la caída en manos de los sarracenos de la tierra que pisaron los pies de María y su Hijo. Al punto reconoce en aquellas voces la de María y Jesús. El santo se comprometió a luchar junto a sus hermanos por los Santos Lugares. 

Ya en las Escrituras, los sueños obran como mediaciones de que se vale Dios para abrir a los hombres esquinas de su misterio. 

En el cuadro, Jesús y María, levemente esbozados y trasfundidos de luz, muestran su espiritual condición sobrenatural, en el óvalo que forman en torno suyo la maleza, con la curvatura conjunta de Francisco, el tronco del árbol y el ramaje.

La recreación de la belleza ideal y la suavidad de los tonos en las personas de Cristo y María evidencian su carácter sobrenatural y señalan la diferencia con el santo y con el mundo tangible que le rodea. Al fondo se distingue la entrada a la capilla.